Lenguas y comunicacion en la emigracion

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Descripción

*Este texto describe la rica y compleja relación del colectivo inmigrante extranjero con la lengua de la «sociedad de acogida», así como sus mecanismos de aprendizaje y sus ámbitos de utilización. Much@s de ell@s provienen de sociedades plurilingües, con lo que la diversisdad lingüística y de usos se vuelve aún más patente en un espacio de relación tan minúsculo como es un pequeño barrio de Bilbao, el cual se ha tomado como muestra. Este mosaico de lenguas, hablas, atajos linguísticos,… se refleja en la enorme diversidad cultural del barrio, y procura a su vez elementos de intercambio que posibilitan la convivencia. Editan Likiniano Elkartea y Traficantes de Sueños.


 



Por TXEMA G. CRESPO – Bilbao / El País


Beatriz Díaz (Madrid, 1967) ha residido durante doce años en el barrio de San Francisco, la zona del viejo Bilbao que concentra el más alto porcentaje de vecinos inmigrantes. Su interés por la vida y la integración de los recién llegados de Asia, Africa, América o Europa surgió pronto, como reflejan los libros Todo negro no igual o El color de la sospecha. Su última aportación al estudio de este microcosmos es Lenguas y comunicación en la emigración. Así nos entendemos (Editorial Likiniano Elkartea).


Pregunta. Este libro descubre una riqueza difícil de percibir en una visita al barrio de San Francisco, tan despreciado desde algunas instancias.


Respuesta. He tratado de recoger San Francisco tal y como es, sin esquemas preconcebidos. En este caso, son cientos de situaciones de comunicación, que muestran cómo la gente de la inmigración se maneja a la hora de entenderse.


P. Cuenta cómo en el locutorio en que trabajó cada uno de los clientes habla en una lengua diferente. ¿Es cierta esa pluralidad?


R. Sí. La gente acude al locutorio más cercano, no al que regenta uno de su país. Sin olvidar que, aunque tengan la misma nacionalidad, pueden hablar lenguas diferentes, algo que incluso aquí es difícil de comprender.


P. Pero esa relación no será siempre tan ideal.


R. No. Yo cuento cosas que suceden, pero no niego que ocurran otras. Nadie es bueno ni malo; cada cual tiene su cultura, su moral, pero esa capacidad para comunicarse entre los propios inmigrantes está por encima de la ayuda institucional o de la sociedad de acogida. De todos modos, es lógico. Si uno se va a vivir a Senegal, en poco tiempo conocerá a los vascos, españoles y europeos de su ciudad, incluso tendrá mejor relación con un chino, sólo por el color de la piel…


P. En su libro dice que la mayor parte de los inmigrantes saben hablar varias lenguas, algo que sorprende en un país a duras penas bilingüe.


R. Podríamos usar más lenguas para comunicarnos, lo que ocurre es que nos han enseñado que, si no hablas a la perfección un idioma, no tienes que abrir la boca. Por eso, yo hablo de situaciones de comunicación más que del conocimiento de una lengua.


P. ¿Cómo aprenden los inmigrantes las nuevas lenguas?


R. En el mundo, las lenguas se aprenden hablándolas. Sólo unos pocos vamos a clases. Las situaciones de la vida diaria son las que fuerzan a aprender el nuevo idioma. Hay quien llega, y en un año, habla castellano correctamente porque le tocó trabajar en una tienda, porque se echó un novio bilbaíno o porque se llevaba bien con los vecinos.

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